El medio ambiente preocupa a un 73% de los universitarios madrileños

A través de una encuesta de tipo cerrado hemos descubierto cuánto les importa a los universitarios de nuestra capital el medio ambiente. La primera respuesta es clara, tres cuartos de nuestros jóvenes sitúan la degradación del planeta entre sus cinco primeras preocupaciones a nivel mundial. Un buen dato, sobre todo en relación a la población general y a lo que este problema suponía hace algunos años, cuando apenas se tenía en cuenta. Además la gran mayoría consideran una inversión a largo plazo y no un gasto el hecho de que el gobierno destine parte de nuestros impuestos a esta causa.

La extinción de determinadas especies animales, el calentamiento global, la gran cantidad de residuos generados por el ser humano, el aire contaminado que respiramos en las grandes ciudades y a la escasez de agua (sequía) y  materias primas, se sitúan como los principales objetivos a resolver según los universitarios. Además señalan a las grandes compañías mundiales como los responsables principales, sin embargo no podemos olvidar que estas están financiadas por personas individualmente y que al mismo tiempo pequeños gestos como reciclar o no utilizar productos que contengan gases que contribuyan al efecto invernadero suponen un pequeño gesto para nosotros pero una gran ayuda para el mundo en el que vivimos.

Sin duda,todo lo recogido son buenas noticias, aunque aún queda mucho por concienciar y por hacer para solucionarlo, porque los universitarios pueden focalizar el nicho del problema, pero en cuanto a los remedios hay muchas más dudas. También sitúan con gran imprecisión el momento en el que el medio ambiente podrá dejar de ser una preocupación, y un 30% de ellos piensa que es un problema que no se resolverá nunca.

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El aceite de oliva: marca España

El aceite de oliva representa a nuestro país, nuestra dieta y nuestra cultura. La marca España se consolida a través de diversos productos entre los que nunca falta este oro líquido. La expansión del aceite de oliva no sólo beneficia a los agricultores y exportadores del producto, sino que es también una forma de acercar la dieta mediterránea a lugares que van mucho más allá de nuestras fronteras, y consecuentemente dar un imagen positiva de lo que España representa.

No debemos olvidar, por su puesto, que se trata de un sector clave también para la economía española y su misión ahora mismo, tal y como ellos afirman, es recuperar la confianza del consumidor a través del sabor y la calidad (las características más valoradas por los compradores) al tiempo que cuidan el medio ambiente. Misiones que además pueden complementarse perfectamente, pues la preocupación por no dañar nuestro mundo se encuentra en toda la sociedad. Es por ello que actualmente muchos productos oleícolas presentan en su etiqueta, junto a las propiedades nutricionales, información relativa a la denominada huella de carbono, es decir, la suma de emisores de CO2 que el producto emite a la atmósfera en su ciclo de vida. Una información muy valiosa y que además puede suponer una reducción de importantes costes para el exportador en cuanto al transporte del producto: botellas menos pesadas, menor cantidad de gasolina necesaria para su transporte.

Una realidad alarmante

Hace un día, Leonardo Dicaprio conseguía su ansiada estatuilla, una vida dedicada al cine y y seis nominaciones después, el ‘renacido’ fue él. Un Oscar le esperaba en el escenario y los ojos del mundo entero se emocionaron por un premio indiscutible. Dos minutos duró su discurso: uno para los agradecimientos de rigor y otro para nuestro planeta: “el cambio climático es real y está sucediendo ahora”. Gracias Leo, hacía falta que nos lo recordaras.

Ahora volvemos a nuestro país. España. Año 2004: 144,4 emisiones de gases de efecto invernadero. Europa: 98,6. Hasta el 2011 pasan siete años que no se traducen en una reducción considerable, pues España sitúa la cifra en 121 y Europa en 85,1. Son datos recogidos por el INE en el Anuario Estadístico de España del 2015 expresados como CO2 en relación a la cantidad asignada por el protocolo de Kioto. Parecen sólo números pero supone mucho para el planeta donde vivimos, para el mundo donde vivirán nuestros descendientes y para una naturaleza que nos da mucho más de lo que merecemos.

El protocolo de Kioto fue adoptado en 1997 en Kioto (Japón) con el objetivo reducir las emisiones de seis gases del efecto invernadero que causan el calentamiento global, en un porcentaje aproximado de al menos un 5%, dentro del periodo que va de 2008 a 2012. Sin embargo esta es tan solo una cifra aproximada, ya que cada país tiene sus propios porcentajes de emisión para disminuir la contaminación global. 187 países firmaron el acuerdo, un documento sin embargo que no fue ratificado por EEUU, el mayor emisor de gases invernadero mundial.

En lo referente a España, debido principalmente a un abandono de la preocupación por este problema por parte tanto de la ciudadanía como del espectro político dominante. Sin embargo, aunque parezca obvio, es necesario recordar que ignorar el problema no lo solucionará, sino más bien todo lo contrario. Es hora de hacer un llamamiento: “Necesitamos apoyar a todos los líderes alrededor del mundo que no hablad en nombre de aquellos que contaminan ni de grandes corporaciones, sino que hablar por la humanidad y por las personas sin recursos, que serán los más afectados por esto. Por los hijos de nuestros hijos y por las personas que están ahí fuera y cuyas voces han sido silenciadas.” También firmado: Leo.